Trilogía de la salvajería

El Grito, de E. Munch

El Grito, de E. Munch

Por Florencia Ventosa

La cama. La mesa. La cancha. Los tres lugares donde nosotros, señoras y señores burgueses occidentales y cristianos, pisoteamos el manual de las buenas costumbres. Y con saña. Lo dijo Martín Caparrós en una columna que hoy debe envolver los huevos de su vecina.

Pero vamos, que a veces, a algunos se les va la mano y no entienden la sutileza de la metáfora. Porque Silvia Luna vivía en, según los porteños gustan en llamar, un pueblito. Trabajaba en “Matute”, un restorán en Las Heras. Estaba en el negocio de la salvajería del paladar. Hay siempre algo de indómito en la milanesa napolitana. Del cuarto trasero de la vaca a su plato se traza un largo camino, resumido en el eufemismo que remite a Italia. No a la carne machacada con ablandador. Y con saña.

Silvia Luna, de 31 años, pelirroja por elección y madre, encontraba como todos los mortales el espacio de la salvajería en la cama. Silvia Luna se iba a casar este sábado según las costumbres occidentalísimas y cristianísimas del sacramental matrimonio, con una tarjeta que repartió entre los vecinos y amigos de Las Heras. “Queríamos comunicarles que después de muchas vueltas…Nos Casamos”, reza el cartoncito. Cayó un lagrimón de la tía que vive en la esquina.

El sábado fiacún antes del casamiento, Silvia no tenía ninguna modorra encima. Entró corriendo a “Matute” y le sacudió en la testa a Carola Bruzzoni, compañera de trabajo y amiga. Le aplicó sobre el cráneo el ablandador de milanesa. El futuro novio se desayunó que la salvajería de Silvia estaba registrada por cámara. No era un video culinario. No pudo imaginársela más al son del Ave María, vestida de un inmaculado blanco.

La patota de chismosos de las Heras salió a hablar. Parece que Carola, por algún tenebroso mecanismo de amistad insana que sostenía con Silvia, mostró al novio un video de las salvajerías de su futura esposa con otro. El novio canceló el sacramento. Y Silvia fue con salvajería a, literalmente, ablandarle la cabeza a Carola.

La cama. La mesa. La cancha. La pelota, ¿será la cabeza de Carola? Amén.

Texto que resulta de un curso de periodismo en el Centro Cultural Rojas


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4 comentarios para “Trilogía de la salvajería”

  1. ro Dice:

    porque los periodistas insisten en hacer la pregunta de ¿pueblo chico, infierno grande?..será que todos nacieron en cabildo y juramento, y que jamás en su vida pisaron un “pueblo”?

  2. mfventosa Dice:

    porque sufren del síndrome de pensarse capitalinos, cosmopolitas, importantes… dónde el infierno grande-dícese de puterío- no cabe en sus causas mayores. Tomá cualquier microclima porteño -el judicial, el periodístico, el político- y las hogueras arden…. “pero ellos no”

  3. a eme Dice:

    Quiero leer más de estos “exercicios”.

  4. a eme Dice:

    Quiero leer más de estos “ejercicios”.

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